DÍA MUNDIAL CONTRA EL COLESTEROL – 19 DE SEPTIEMBRE

POR: AMIDA CARVAJAL GUZMAN

Nutricionista Dietista – Grupo de Nutrición Cardiovascular SCC

 

 

El exceso de colesterol ha sido una de las complicaciones para la salud, que se ha aumentado proporcionalmente con la globalización y el agite de la vida moderna. Determinantes como una inadecuada alimentación, el sedentarismo, el excesivo consumo de bebidas alcohólicas y el tabaquismo se orquestan para generar este desorden metabólico que se convierte en un factor de riesgo para la salud cardiovascular, y es por eso que en esta fecha se celebra el día mundial contra el colesterol para que todas las organizaciones desarrollen actividades que logren la concientización de la población para abordar este flagelo.

El colesterol (3-hidroxi-5,6 colesteno) es una molécula indispensable para la vida, desempeña funciones estructurales y metabólicas que son vitales para el ser humano. Se encuentra anclado estratégicamente en las membranas de cada célula donde modula la fluidez, permeabilidad y, en consecuencia, su función. Esta regulación implica que el contenido en colesterol de las membranas modifica la actividad de las enzimas ancladas en ellas, así como la de algunas proteínas transportadoras y de receptores de membrana.

El colesterol proviene de la dieta o es sintetizado por nuestras células (principalmente en los hepatocitos); es precursor de otras biomoléculas fisiológicamente importantes tales como, las hormonas esteroideas (andrógenos, estrógenos, progestágenos, glucocorticoides y mineralocorticoides), ácidos biliares y la vitamina D. Sin embargo, una acumulación excesiva de colesterol en nuestros tejidos y altas concentraciones en sangre (hipercolesterolemia), pueden tener consecuencias patológicas altamente prevalentes en la población. Esto es particularmente cierto para las células endoteliales que forman la pared arterial, donde la acumulación de colesterol inicia la enfermedad cardiovascular aterosclerótica.

Numerosos estudios epidemiológicos y retrospectivos han mostrado una relación directa entre el colesterol total y el colesterol unido a Lipoproteínas de Baja Densidad (C-LDL) con la morbilidad y mortalidad debida a causas cardiovasculares. La ingesta excesiva de colesterol y las mutaciones genéticas en el rLDL (gen que se localiza en el cromosoma 19 para hipercolesterolemia familiar) promueven el incremento de colesterol sérico por encima de los niveles recomendables, lo que favorece la génesis del ateroesclerosis, la cual, es el principal factor riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

Por lo anterior, es fundamental controlar los niveles de colesterol para preservar la salud, ya que este lípido es el responsable del 8% de toda la carga de enfermedades de los países desarrollados, del 60% de las enfermedades de corazón y del 40% de los infartos cerebrales. Se dice que, estilos de vida saludables, tratamientos dietéticos y farmacológicos logran reducir las concentraciones de colesterol plasmático, lo que disminuye la probabilidad de sufrir un evento coronario.

El aumento del poder adquisitivo de la población y, por lo tanto, las opciones de consumir más productos con grasas animales, junto con el sedentarismo amenazan con elevar la prevalencia de valores elevados de colesterol en los próximos años y la incidencia de las enfermedades cardiovasculares.

Colesterol ‘bueno’ y ‘malo’

No obstante, el colesterol total se puede subdividir en dos fracciones que tienen funciones distintas: el colesterol HDL (cHDL) o colesterol “bueno”, que se compone de unas partículas que son lipoproteínas de alta densidad (high density lipoproteins en inglés) y que protege del desarrollo de enfermedades cardiovasculares ya que favorecen la elinación de la agregación plaquetaria del LDL, y el colesterol LDL (cLDL) o colesterol “malo”, que es un lípido que contiene proteínas de baja densidad (low density lipoproteins). El cLDL se considera “malo” porque es el encargado de transportar el colesterol a los tejidos y cuando sus valores son elevados penetra en las arterias, formando placas de aterosclerosis. Las placas de aterosclerosis pueden llegar a producir obstrucciones al flujo sanguíneo y causar angina de pecho, falta de riego en el cerebro o en las piernas, pero, además, en caso de inestabilizarse bruscamente pueden favorecer la formación de un trombo que ocluya completamente el riego sanguíneo, lo que se manifiesta como un infarto agudo de miocardio, un infarto cerebral o una isquemia aguda de una extremidad. Por el contrario, el colesterol cHDL es “bueno” porque extrae el exceso de colesterol de las arterias y el resto de los tejidos, y lo transporta al hígado donde es eliminado a través de la bilis.

La regla de oro para gozar de una buena salud cardiovascular consiste en no superar nunca la cantidad de colesterol total recomendada y en reunir la mayor proporción posible de cHDL y la mínima de cLDL en el organismo.

El hígado fabrica el 80% del colesterol que hay en el organismo, mientras que el 20%-25% restante se obtiene a través de la ingesta de alimentos de origen animal, ricos en grasas saturadas. Este 20%-25% es el escaso margen disponible para controlar tanto la cantidad total de colesterol, como la proporción de colesterol “bueno” y la de colesterol “malo”, presentes en el organismo. Para lograr mantener las cifras deseadas de colesterol, se recomienda tomar las siguientes medidas:

 

  1. Limitar la ingesta de GRASAS SATURADAS presentes en alimentos con grasa de origen animal, como la mantequilla, los embutidos, las carnes con alto contenido de grasa externa e intramuscular y piel de aves y aceites vegetales con alto contenido de grasa saturada. LOS ALIMENTOS FUENTES DE COLESTEROL como mariscos y vísceras ya que incrementan los niveles de cLDL.
  1. Consumir 1 HUEVO diario: Conocemos el considerable contenido de colesterol en la yema de huevo, pero diversos estudios concluyen que dada sus características nutricionales no afecta el colesterol LDL. Su contenido de lípidos corresponde, en su mayor parte, a ácidos grasos monoinsaturados con una escasa cantidad de grasas saturadas, a la vez que constituye una las principales fuentes de colesterol de la dieta porque aporta aproximadamente 220 mg de colesterol por cada unidad de huevo de tamaño mediano, sin embargo, el contenido de fosfolípidos en este alimento interfiere en su absorción, haciendo que nuestro cuerpo absorba apenas el 15% de ese colesterol. Por esta razón, consumir huevo no tiene efectos sobre el colesterol en sangre.

Hay que tener en cuenta que este es un alimento de bajo costo y altamente nutritivo que lo hace un valioso contribuyente de una dieta balanceada y saludable con un bajo contenido calórico; aportando proteínas de elevado valor biológico, ricas en aminoácidos esenciales, la principal proteína de la clara es la ovoalbúmina, seguida por la ovotransferrina y otras como la lisozima. Se postula que las diferentes proteínas del huevo podrían tener un impacto favorable frente a procesos de inflamación, así como propiedades antimicrobianas, inmunoprotectoras, antihipertensivas y antioxidantes. Por otro lado, los lípidos y fosfolípidos presentes en la yema han mostrado tener efectos antioxidantes y han sido estudiados en la prevención de la oxidación de ácidos grasos insaturados. Un fosfolípido en especial, la fosfatidilcolina, es fuente importante de colina, un nutriente importante para el desarrollo cerebral, la función hepática y la prevención del cáncer.

El huevo es también una de las principales fuentes de vitamina D en la dieta y aporta otros numerosos nutrientes como riboflavina, folato, selenio, vitamina A y vitamina B12, entre otros. Dada la capacidad antioxidante de estos nutrientes, podrían ser potenciales protectores frente a la ECV. Asimismo, se ha postulado que las características antioxidantes y antiinflamatorias de estas biomoléculas podrían también ejercer efectos cardioprotectores.

  1. Incorporar CHOCOLATE OSCURO (MÁS DEL 60% DE CACAO) SIN AZÚCAR es una saludable alternativa dada la actividad antioxidante por la presencia de flavonoides del cacao, que generan una disminución de la oxidabilidad de la LDL y un efecto modulador sobre la agregación plaquetaria, reduciendo el riesgo de formación de trombos además de que aumenta la biodisponibilidad del óxido nítrico en las células endoteliales.
  1. Evitar el consumo de PRODUCTOS INDUSTRIALIZADOS, muy procesados, ya que contienen grasas trans, muy perjudiciales para la salud, que elevan el cLDL. Una vez consumidos estos se absorben en el aparato digestivo y pasan a la sangre. Se incorporan a las membranas de las células donde sustituyen a los fosfolípidos, que normalmente son las grasas que componen las membranas celulares y esta pierden su flexibilidad y fluidez, por lo que otras moléculas, como las del colesterol no puede acoplarse a la membrana y quedan libres, aumentando los niveles de colesterol en sangre.
  1. Seguir una dieta cardiosaludable, como la Dieta Mediterránea, basada en el consumo de verduras y frutas (ricas en fibra), pescado azul, frutos secos con moderación (porque contienen grasas saludables que aumentan el cHDL). También el consumo de ACEITE DE OLIVA se vincula con un perfil lipídico de menor riesgo para padecer enfermedades cardiovasculares y confiere un poder atenuante de los efectos plasmáticos agudos postprandiales. Se ha demostrado que cuando se sustituyen los ácidos grasos saturados por ácidos grasos monoinsaturados, estos tienen un efecto hipocolesterolémico, reduciendo los valores de LDL, lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), aumentando la depuración de la apo B. Asimismo, reduce los valores de triglicéridos e incrementa los valores de HDL y apolipoproteína A-I. Este se ha considerado como un alimento con propiedades antioxidantes, así como también el VINO (no más de dos copas al día) ya que sus compuestos fenólicos actúan como antioxidantes que inhiben la oxidación de las LDL. Cuando estas sufren oxidación se convierten en partículas susceptibles de ser fagocitadas por los macrófagos, lo que contribuye a la formación de la célula espumosa, una de las primeras etapas en la formación de la placa de ateroma. Por sus propiedades antioxidantes, el vino podría disminuir la aterogenicidad de las LDL.
  1. Aumentar el consumo de AGUACATE. El aguacate aporta ácidos grasos monoinsaturados principalmente del tipo oleico. Este ácido graso aumenta la tasa de β-oxidación y contribuye a la homeostasia de los lípidos, además de proteger contra la inflamación y la resistencia a la insulina.
    Entre los componentes que podrían contribuir a mejorar el perfil lipídico se encuentra la fibra, que en el aguacate es de 5,2g/100g de pulpa, de esto, el 25% es del tipo soluble (hemicelulosa y pectinas). Su posible mecanismo de acción podría ser la capacidad de la fibra para unirse a los ácidos biliares formando micelas y aumentando la excreción de los mismos, además se ha sugerido que la fibra puede formar una fina capa en la luz intestinal, que actúa como barrera física disminuyendo la absorción de grasas, incluyendo colesterol y ácidos biliares. Las alteraciones producidas en la homeostasia de los ácidos biliares al interrumpir su circulación enterohepática, aumenta la conversión en el hígado de colesterol en ácidos biliares disminuyendo los depósitos de colesterol libre hepático. Para restaurar estos depósitos se produce una regulación de los receptores LDL dando lugar a una reducción del c-LDL plasmático; por otra parte, la fibra soluble al sufrir la fermentación en el colon produce ácidos grasos de cadena corta como acetato, propionato y butirato que suprime la síntesis de colesterol en el intestino.
    El aguacate también es rico en ß-sitoesterol, que es una sustancia de origen vegetal cuya estructura es similar al colesterol y su mecanismo de acción abarca la inhibición intestinal de colesterol y la disminución de la síntesis hepática, teniendo efecto sobre los niveles plasmáticos de colesterol total y c-LDL, sin efecto sobre los niveles de c-HDL y triglicéridos.
  1. Incorporar en la alimentación alimentos enriquecidos con FITOESTEROLES. Los fitoesteroles y sus formas reducidas, los fitoestanoles, son esteroles de origen vegetal ampliamente distribuidos en la naturaleza y cuya estructura es muy similar a la del colesterol. Desde hace años se conoce que estos esteroles producen efectos hipocolesterolémico cuando son ingeridos en el rango de 1-3 g/día, por lo cual se les considera como importantes aliados en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, siendo su consumo indicado para individuos con hipercolesterolemias leves o moderadas. El efecto hipocolesterolémico de los fitoesteroles y de los fitoestanoles es atribuido a acciones metabólicas como la inhibición de la absorción intestinal de colesterol por competencia en la incorporación del colesterol a las micelas mixtas, o a la disminución de la esterificación del colesterol en los enterocitos. La acción conjunta de los esteroles y/o estanoles sobre estos mecanismos produce una disminución del colesterol total plasmático y del C-LDL, sin modificar los niveles del C-HDL. Por su efecto reductor del colesterol, estos compuestos se han incorporado a productos lácteos como yogures, en alimentos naturales como las semillas de oleaginosas, tallos y hojas vegetales, cereales integrales (centeno, cebada, avena) y pseudocereales (quinoa y amaranto).
  1. Incluir alimentos fuentes de PROBIÓTICOS. El microbioma está directamente relacionada con la salud del hospedero. Actualmente es posible manipular la flora intestinal para asegurar efectos benéficos sobre la salud humana. Esta manipulación se logra gracias a los probióticos, cuyas bacterias vivas incorporadas a ciertos alimentos, son capaces de alcanzar el intestino delgado y colon. De esta manera se incrementa tanto la densidad bacteriana y la actividad metabólica de la flora intestinal. Dentro de los efectos benéficos, se ha logrado disminuir la intolerancia a la lactosa, prevenir o disminuir diarreas infecciosas, prevenir el desarrollo de cáncer de colon y desarrollar un efecto inmunoprotector. En el mismo sentido, se sabe que diversas bacterias de la flora intestinal (Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus plantarum, Lactobacillus fermentum, Lactobacillus casei poseen un efecto hipocolesterolemiante.

Desde que descubrieron los efectos hipocolesterolémico de la leche fermentada por nativos de la tribu Massai, la relación entre las bacterias ácido-lácticas y el colesterol sérico se ha convertido en un foco de gran interés. El mecanismo de acción hipocolesterolemiante no está totalmente establecido, sin embargo, se han propuesto varias hipótesis para explicar estos resultados: (1) las bacterias intestinales metabolizan colesterol por lo que reduce la cantidad de colesterol disponible para la absorción, parte del colesterol puede ligarse a la superficie bacteriana celular o incorporarse en las membranas celulares bacterianas o convertido en coprostanol por la colesterol reductasa, que es producida por cepas de lactobacilos, la inhibición de la formación de micelas por ciertas cepas probióticas. (2) los ácidos grasos de cadena corta producidos durante la fermentación selectiva de los alimentos por la microflora bacteriana intestinal, puede disminuir los niveles de colesterol en plasma por la competición de micelas, y algunas especies de bacterias tienen la capacidad de desconjugar las sales biliares, obligando al organismo a producir más sales biliares y, por ende, se incrementa el consumo de colesterol endógeno, el cual es la materia prima de las sales biliares. Estas alternativas se consideran para pacientes con reacciones alérgicas a los compuestos de medicamentos hipolipemiantes, aunado a que evitan los efectos adversos que estos pudieran tener.

  1. Consumir con buena frecuencia FRUTOS SECOS. La composición nutricional de los frutos secos difiere mucho de un tipo a otro. Las nueces son especialmente ricas en ácido grasos α-linolénico y linoleico. Esta composición nutricional única podría ser la responsable de la disminución en las concentraciones de colesterol total y triglicéridos observada en distintos estudios nutricionales. Según los investigadores, a pesar de ser un alimento con una alta densidad energética, el consumo de nueces no promueve la ganancia de peso y, por lo tanto, puede ser incorporado en el contexto de una dieta saludable para la prevención cardiovascular. Aunque no se conoce de forma exacta el mecanismo de acción por el cual las nueces pueden mejorar el perfil lipídico, parece ser que su alto contenido en esteroles vegetales, ácidos grasos α-linolénico y linoleico y polifenoles pueden ser los responsables. Estos nutrientes tienen altas propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y además pueden interferir en la absorción de colesterol.
  1. Incluir ALIMENTOS RICOS EN FIBRA SOLUBLE que podría contribuir a disminuir los niveles de colesterol. Entre ellos el betaglucano es un tipo de fibra soluble que se encuentra de forma natural en la avena. Este es un polímero lineal de unidades de glucosa que se localiza principalmente en las paredes celulares del endospermo del grano de avena. Como otros tipos de fibra soluble, en el organismo, el betaglucano forma geles viscosos en el tracto gastrointestinal, retrasando el vaciamiento gástrico e interfiriendo con la actividad de diferentes enzimas pancreáticas, lo que ralentiza los procesos de digestión y absorción de nutrientes e incrementa la excreción de ácidos biliares. Esta viscosidad se relaciona con la reducción de la glucosa plasmática postprandial y la mejora de la respuesta insulínica, así como la disminución del colesterol sanguíneo. Tanto el peso molecular, como la conformación del betaglucano de avena, son dos factores importantes a tener en cuenta en el alimento, ya que influyen sobre las propiedades físicas del mismo, incluyendo la solubilidad y la viscosidad, además, el tipo de procesado y las condiciones de almacenamiento también pueden afectar a la cantidad, solubilidad y peso molecular del betaglucano en los productos elaborados con avena. La avena es un cereal que, como tal, no puede ser ingerido en crudo, sino que tiene que ser procesado para hacerlo comestible, como cuando la avena se calienta en presencia de agua, el horneado o la cocción, incrementan su solubilidad y viscosidad, lo que se asocia a un aumento de su bioactividad. Los autores concluyeron que la matriz alimentaria en la que se incluye el betaglucano, así como el peso molecular y la solubilidad de este, son factores importantes a tener en cuenta a la hora de observar efectos positivos de este componente de la avena sobre la salud cardiovascular en individuos con hipercolesterolemia moderada.
  1. Abandonar el tabaquismo, que reduce de forma importante el cLDL. Además, el humo de tabaco favorece a la disminución de la flexibilidad de las paredes arteriales.
  1. Practicar EJERCICIO FÍSICO de forma regular, para aumentar los niveles de cHDL. El ejercicio produce un mayor gasto de calorías, por lo que, a igual consumo calórico con la dieta, su eliminación será mayor. Así mismo, el ejercicio aumenta la masa muscular, que es un tejido que consume muchas calorías para funcionar, lo que evita que el exceso calórico se almacene en forma de grasa. Además, disminuye el colesterol total y triglicéridos, aumentando la proporción de HDL.

La ECV tiene estrecha relación con el estilo de vida y factores fisiológicos y bioquímicos modificables. Las medidas de prevención cardiovascular deben comenzar por cambios en el estilo de vida.

Son necesarias intervenciones a distintos niveles, que promuevan la adopción y el mantenimiento de hábitos más activos y saludables en toda la población. Los cambios hacia un estilo de vida cardiosaludable en el hombre adulto deberían comenzar por el control médico preventivo a partir de los 20 años y considerar desde los primeros años de vida aspectos como la actividad física regular, nutrición cardiosaludable, suspensión completa del tabaquismo y control del peso corporal. Este abordaje requiere de la integración de un grupo multidisciplinario donde el rol del nutricionista es clave en el logro de las metas.

 

——-

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Maldonado O et al. Colesterol: Función biológica e implicaciones médicas. Rev. mex. cienc. Farm. 2012; 43(2): 7-22.
  • Dussaillant C. et al. Consumo de huevo y enfermedad cardiovascular: una revisión de la literatura científica. Nutr. Hosp.; 34(3): 710-718
  • Meritxell N, Ruperto M, Sánchez F. Frutos secos y riesgo cardio y cerebrovascular. Una perspectiva española. ALAN. 2004; 54(2): 137-148.
  • Guasch M. et al. Effects of walnut consumption on blood lipids and other cardiovascular risk factors: an updated meta-analysis and systematic review of controlled trials”. The American Journal of Clinical Nutrition; 2018.
  • Campuzano M. et al. Influencia del consumo de pulpa de aguacate, Persea americana, sobre el metabolismo lipídico en ratones normolipémicos e hiperlipémicos inducidos por dieta. ALAN. 2016; 66(4): 279-286.
  • DiNicolantonio JJ, O’Keefe JH. Effects of dietary fats on blood lipids: a review of direct comparison trials. Open Heart 2018;5:doi: 10.1136/openhrt-2018-000871
  • Alwaleed Fayduallah Al Idriss, et al. Impact of dietary fats on blood lipids: a review. 2020;4(2):538–542. DOI: https://doi.org/10.24911/IJMDC.51-1577287058
  • Takeuchi H, Sugano M. Industrial TransFatty Acid and Serum Cholesterol: The Allowable Dietary Level. J Lipids. 2017;2017:9751756. doi: 10.1155/2017/9751756. Epub 2017 Aug 30. PMID: 28951788; PMCID: PMC5603143.

 

Contáctenos

    Nombre (requerido)

    Correo electrónico (requerido)

    Teléfono

    Ciudad

    Empresa

    Mensaje

    Abrir el chat